En Voces de Colombia, presentamos tres poemas de Juan Pablo Arenas, conocido como Gato en Sable.
DE NAVÍOS OLVIDADOS I
No procuraré de su rostro,
ya, otra sonrisa,
ni sacudiré de mis sienes
la amarga y dura consciencia.
No será, ya, ni el altar,
ni la excusa, ni la hora.
Ni será, ya,
ni la esperanza,
ni lo dicho, ni lo negado.
Y no verá el faro más su figura
dibujarse entre lo que fueren
el mar y la bruma.
Y no habrá nombre o canto,
ni de sirena, ni de espanto,
que recuerden su forma
o que lloren, ya, su llanto.
VENENO
Escuéceme este estrépito:
rara rasgadura retroesternal
dejada donde dijiste
“amor mío, miéntote muy mal”.
Ah, ahí, ahora
nada nada, nada,
mientras mares moribundos
largan los lánguidos lacrimales
a su servidor asidos.
¿Qué querías que quisiese?
si sin saber si sabías así
o ese sabor era sabor a ese
besábate yo ya bastante embriagado.
Basural vesania la saliva tuya
voraz veneno habíame
vivazmente enamorado.
EL HOMBRE QUE ERA DIOS Y NO SE DABA CUENTA
Hallábase el hombre que era dios
y no se daba cuenta,
en donde no sabía:
si el lago, el río o del mar la cuenca.
La cara le miraba el agua desde el reflejo,
y entre sí mismo y el otro
emergía algo como un rostro.
El eco retumbaba en cada uno de sus lamentos
y compungía en el espejo,
los labios, su otro de ojos abiertos.
Tomaba las palabras florecientes desde su adentro,
volviéndolas, entre otras cosas:
ilusión, bruma y pensamiento.
El hombre que era dios y no se daba cuenta
hablábase a sí mismo sin hallar respuesta,
y lleno de preguntas de su yo reflejo,
sin hablar palabra otra que la de su espejo,
burlábase a sí mismo y llorábase deshecho
por la gran injuria que en sí mismo había hecho.
Henchido de furia, pulsión necrosante,
tomó un cuchillo de duro diamante,
y al espejo, que reírse veía,
dio a puñaladas mientras él, de él se reía.
Trépidante de miedos a su negra proeza,
mirábase a sí mismo en pesada tristeza.
Pero surgióle del pecho un glorioso lampo,
pues todo hecho era un valiente acto.
Dijo a todos los que él mismo era,
que él mismo había vencido aquella fiera,
y junto al mundo en uno solo tomó entereza,
en busca de la evidencia o de la certeza
del cadáver sacar de adentro,
de encontrarse a sí mismo muerto.
Mas cuál fue la demencia del sórdido grito
al verse a sí mismo vivo y en pleno agito:
¡con ardiente pasión gritábase a sí mismo,
cuán volcán furioso, cuán violento sismo!
Sus ojos de fuego quemaban el mundo
y volvieron al hombre, de miedo, un difunto.
No volvió el hombre que era dios y no se daba cuenta
a mirarse en donde no sabía: si el río,
el lago o del mar la cuenca.
Mas el tiempo pasa ágil cuan efeméride,
pero, como la misma, a repetirse tiende.
El hombre que era dios y no se daba cuenta
volvió a verse en el río, el lago o del mar la cuenca.
Viéndose a sí mismo como otro, pero en un espejo,
entendió que era el mismo, pero en otro cuerpo.
Y ya no tomó armas por risas ni ofensas por rezos,
ni caricias por falsas ni mentiras por besos.
Se miró tal cual: gracia por gracia,
afrenta por afrenta, y pensó que era dios,
pero quizá no se daba cuenta.
Gato en Sable. Nació en Medellín, en 1996, bajo el nombre de Juan Pablo Arenas. Médico de la Universidad de Antioquia. Ha explorado diversas artes, enfocándose principalmente en la poesía y en el relato de terror. Es autor de las obras autopublicadas La Vuelta (2019) y Licantropía (2020). Sus cuentos han sido incluidos en múltiples antologías de los sellos Alas de Cuervo, Nueva Bestia, Luna Roja, Akera y Vértigo. Sus poemas han sido publicados por editoriales como Letras Negras y Converso, así como en revistas literarias como Innombrable y Santa Rabia Poetry. Actualmente, se encuentra desarrollando los proyectos Trece relatos tétricos que no deberían ser leídos, Las malhumoracciones y Lagnomante y otras historias de horror venéreo.