Plantígrados comparte un adelanto exclusivo de Peluche, el nuevo libro de minificciones de Leandro Hidalgo, a ser publicado próximamente por Macedonia Ediciones en Argentina.
TODAS LAS NOCHES DE MI VIDA EN QUE FUI UN NIÑO
Cuando te vi tomó forma lo que siempre había presentido. Eras inmenso, monstruoso y desmesurado, pero sensible. Eras fiero, pero igual te agachaste un poco y me extendiste tu mano de peluche.
DEBAJO DEL MICROSCOPIO
Enciendo la fuente y coloco la muestra. Una rodaja de kiwi en la plastina. Acerco la lente. La imagen se vuelve difusa pero enseguida veo las estrellas, la luna vertida en el río, iluminando el pelo de dos mujeres jóvenes que suben a una balsa de bambú. Ajusto intensidad para enfoque fino. Coloco gota sobre foco de luz. Una de las mujeres ayuda a la otra para desamarrar. Creo escuchar el viento, el grueso oleaje del río en medio de la noche. La gota se pega al lente. Estoy a tope. La balsa comienza a naufragar, pero también por eso, a perderse. La balsa ingresa al círculo blanco que la luna le hizo al agua, y por primera vez siento que las pierdo, que se alejan, que se achican, hasta que me queda solo el agua del río grande y su luna inmensa. Me pongo a llorar. Mis lágrimas caen a la tableta y todo se nubla, todo desaparece.
Me ronda una idea tristísima, la de no ver ese paisaje nunca más. El kiwi sigue en la plastina. Hago el procedimiento otra vez, con cuidado, y observo el agua clara y la luna, aunque ahora más pequeña, y sin la balsa de bambú.
BLANCO Y NEGRO
Fue cuando el sonido de esa palabra tuya me aquietó por la espalda, pero no me di vuelta. Entendí que de momentos así estaba hecho el cine. Hubiese querido seguir caminando sin detenerme nunca, tomar un tren, mirar el paisaje por la ventanilla, llegar a un lugar en donde nadie me conozca, y empezar todo otra vez. Vagar unos días, gastarme los ahorros de bolsillo en un sándwich y en la cantina, conseguir un empleo sin importancia, inventarme un pasado para contar, eventualmente, dormir en ese catre al fondo de la vitrina, caminar al puerto un domingo por la mañana, encender un cigarrillo, observar las moles de hierro flotar en el mar, sin mirar atrás.
CUADROS A TRASLUZ
Vaciando la casa de mi infancia, sin mamá ni papá adentro, aunque con todos los recuerdos en los cajones, encuentro diapositivas. Coloco algunas a trasluz. Papá joven y delgado posa en Mar de Plata. Mamá hace una mueca graciosa en la cocina de esta misma casa. Mamá y papá bañan a una bebé en la mesada, quizás a mí. Mi tío Juan ríe con una ristra de chorizos como collar. Bailan el vals en el casamiento de alguien. Mamá y papá abrazados en la entrada de una cabaña en La Angostura. Pienso que mientras pasa, la vida es lenta, pero que cuando termina en cuadros, también, sigue siendo lenta.
Miro el rectángulo de la ventana, la vida ahora. Un recoveco de la medianera me deja un pedazo de cielo. Qué hacer con toda esta memoria que no es mía y sin embargo me pertenece. Un montón de diapositivas esparcidas sobre la cama. El matiz de la siesta sombrea el borde la cama y parte del piso. Casi todo es el cuadro grisáceo por el que entran las tres de la tarde de un otoño lejano.
INFANCIA
De la mochila de adelante asoma una patita azul, y de la riñonera del costado, dos ojos de porcelana.
Todo lo ve el niño tomado de la mano de terciopelo de su madre.
Relato para leer con música de fondo.
“Solitude”, Ryuichi Sakamoto
Leandro Hidalgo. Mendoza (Argentina). Sociólogo, escritor y músico argentino. Es autor de Instantáneas -100 fotos (2005), Capacho (2010), Grado -microficciones sobre la Historia Argentina (2014), Irresponsables (2016), Zona paréntesis (2017). Ha lanzado los álbumes Música para Bonsáis (2023), y Música No Original (2024), entre otros.