Fotografia de Rueda Villaverde
Plantígrados comparte, en su sección Otros Lares / Otras Épocas, siete minificciones de Pertinaz Pertinaz.
LA BORRACHERA
Mi hermano y yo éramos jóvenes y nos habíamos emborrachado en multitud de ocasiones, pero esa madrugada ocurrió algo diferente. Caminábamos muy bebidos de vuelta a casa cuando, al llegar y entrar en la habitación que compartíamos, él ya dormía profundamente metido en la cama. No sé en qué momento del trayecto me adelantó y tuvo tiempo de acostarse mientras yo suponía que caminaba a mi lado.
Esa sensación extraña de no entender el tiempo ni el espacio volví a sentirla años más tarde. Aunque ya nos habíamos independizado quedábamos habitualmente para charlar y beber. Ese día la cita era en su casa. Yo llegué ebrio, como solía estar a diario, motivo por el cual había perdido el trabajo y a mi mujer años atrás. Al entrar, él estaba allí esperándome, con su familia, tras la jornada laboral. No sé en qué momento del trayecto me adelantó y tuvo tiempo de construir una vida mientras yo suponía que caminaba a mi lado.
EL CURIOSO CASO DE BURT LANCASTER
A la edad de nueve años vi El halcón y la flecha, una fantástica película de aventuras protagonizada, según mi visión a esa tierna edad, por un señor mayor bastante atlético.
Con veinte años volví a verla, me pareció una película antigua, pasada de moda, e interpretada por un maduro actor de otros tiempos.
A los cuarenta fui al cine a ver una reposición. Qué magnífico clásico de los cincuenta, cuyo protagonista era uno de los grandes y más guapos galanes de la época.
A los sesenta, la vi de nuevo. Burt Lancaster me pareció un prestigioso y muy joven actor al que me gustaba más ver interpretando papeles trascendentes, como en Vencedores o vencidos.
A los noventa, ver la película con mis bisnietos me trasladó a la infancia. Gocé viendo a su protagonista haciendo piruetas circenses, tan joven que parecía un niño. Mis bisnietos disfrutaron viendo esa fantástica película de aventuras, protagonizada por un señor mayor bastante atlético.
GENTE MUEBLE
Mi madre me contó que estaba convencida de que mi padre era, en realidad, la mesita de noche de su dormitorio. Se transformó en ella el día que desapareció, hace ya cuarenta años. No sería esta ni la primera ni la última vez que me llegaban noticias similares: cuando era pequeño escuché en la tienda de ultramarinos cómo un señor relataba que su abuela era el taquillón de la entrada de la casa del pueblo. Había olvidado estas historias hasta que me fui a vivir solo a un piso alquilado de muebles antiguos, entonces comencé a obsesionarme: ¿quiénes serían todos aquellos muebles? ¿crujían para respirar o para decirme algo?
Pasados los años, con el fin de salir del desasosiego que me producía la soledad y aquellos muebles envejecidos, me casé. Compramos un adosado y tuvimos tres hijas. Mi vida transcurría en una dulce monotonía, carente de sobresaltos y de pasiones, rodeado de muebles sin alma y un gran espacio de confort, cuando, un día, mi mujer me pasó la bayeta y colocó un plato sobre mí.
ELIMINAR RECUERDOS
Estoy enamorado de mi cuñado desde el primer día que mi hermana me lo presentó, todo un drama. Nunca salí del armario con mi familia. Aquel día leí en el periódico la noticia de un descubrimiento sorprendente llevado a cabo por un grupo de científicos israelíes en el Instituto Weizmann, en la localidad de Rehovot: un método (aún en estado experimental) que permitía eliminar recuerdos traumáticos o desagradables de forma intencionada. Disponía de contactos suficientes como para, desembolsando una cantidad considerable de dinero, poder contar con el eliminador de recuerdos durante un día.
Quedé con mi cuñado y le conté lo que sentía. No dijo nada, se levantó de la mesa y se fue. Como tengo las llaves, me colé en su casa aquella noche y utilicé con él el eliminador de recuerdos. Todo volvió a la normalidad.
Han pasado cincuenta años y estoy en el funeral de mi cuñado junto a mi hermana. Me ha mencionado que, una tarde, hace cincuenta años, su marido le confesó que a la mañana siguiente la abandonaría por un hombre. Nunca más comentó nada al respecto.
EL SELFIE
Mi hermana había fallecido. Busqué su móvil con la intención de darlo de baja pero, como no lo encontraba, le hice una llamada para rastrearlo. Por poco me da un infarto cuando mi hermana descolgó. Estuve charlando con ella durante unas horas y me di cuenta de que no era consciente de su fallecimiento. Yo no tenía claro qué debía hacer: ¿contárselo o esperar a que ella misma cayera en la cuenta?
Me puse en su lugar y llegué a la conclusión de que, si me ocurriera lo mismo, me gustaría saberlo. Al día siguiente, cuando nos despedimos de nuestra charla telefónica diaria, le comenté que le iba a enviar una foto por wasap. Pensé que la mejor forma de contárselo era haciéndome un selfie junto a su tumba. Al poco rato, mi hermana también me envió una foto: era un selfie de ella junto a la mía.
INTELIGENCIAS MÚLTIPLES
Al piano tocó con extrema sensibilidad una pieza compuesta por ella. La sala, emocionada, enmudeció escuchando su interpretación. Varias personas tuvieron que ser atendidas con síntomas de delirio y palpitaciones, producto del exacerbado goce artístico y la sinceridad de la magistral ejecución. Los sanitarios concluyeron que había sido el Síndrome Stendhal. Y cuando la vibración de la última nota dejó de oírse la ovación fue tremenda.
Sentada aún al piano alguien posó una mano sobre su hombro al tiempo que pronunció sinceras palabras de agradecimiento por lo sublime de su arte, algo que, por un momento casi infinito, le había transportado a su infancia junto a la familia que tanto añoraba. La pianista se giró respondiendo: «quítame la mano de encima y vuelve a tu puto asiento».
MIEDO A LA SOLEDAD
No se miraban a los ojos ni se cogían de la mano.
No conversaban a la hora de comer ni se reían juntos.
Pero cuando llegaba la noche, y todo estaba en silencio, se oían respirar el uno al otro.
PERTINAZ PERTINAZ (Linares, 1972). Estudió Trabajo Social y Cine Profesional. Experto Intérprete General de Lengua de Señas Española por la Universidad Complutense de Madrid. Máster Oficial en Docencia e Interpretación en Lengua de Señas de la Universidad de Valladolid. Trabaja actualmente en la asociación Aire de Ciudad Real con el colectivo de personas sordas e imparte cursos de lengua de signos española. Ha publicado seis libros de microrrelato ilustrado: Omnívorus (2019) y Nasciturus (2021), ambos ilustrados por Maldomado, el segundo editado por la Diputación Provincial de Jaén tras haber sido presentado al XXIX Concurso de Literatura para Escritores Noveles; Cuentos a sangre fría (2022), ilustrado por Mar Alonso; En los huesos, galardonado con el I Premio «Soledad Verdú de cuentos con ilustraciones» de la editorial Adeshoras y finalista del I Premio Iscariote al Mejor Libro de Microrrelatos publicado en 2022, también ilustrado por Mar Alonso; La peligrosa influencia del idiota, ilustrado por Maldomado y publicado por la Biblioteca de Autores Manchegos de la Diputación de Ciudad Real, finalista del II Premio Iscariote al Mejor Libro de Microrrelatos publicado en 2023; y Rodamundos (2026), ilustrado también por Maldomado. Colabora en dos programas de radio. Premio Dulcinea 2023, del Ayuntamiento de Ciudad Real, por su obra literaria.